Guanajuato, Gto., 30 de octubre de 2026. Hace unos meses, Sebastián tenía miedo de equivocarse frente a sus compañeros. Las dificultades en la escuela habían terminado por hacerle creer que no era capaz de aprender como los demás. Hoy, a sus 12 años, no solamente ha mejorado sus calificaciones: también ha ganado confianza para subir a un escenario y actuar frente a otras personas.
Sebastián es parte del grupo de niñas y niños que reciben atención en el Centro de Desarrollo Integral Kaleo, una asociación de Dolores Hidalgo que gracias al financiamiento de Tocando Corazones, pudo ampliar sus servicios contratando especialistas y aumentar la capacidad de atención de su comedor infantil.
Lo que comenzó como una iniciativa para atender a una docena de niños hoy cuenta con más de 100 niñas y niños, a quienes además de brindarles apoyo escolar y emocional, la asociación nutre con más de mil raciones de alimentos mensuales.
Historias como esta, comienzan a multiplicarse entre las asociaciones civiles y grupos organizados que han sido beneficiados de Tocando Corazones, el programa con el que el Gobierno del Estado de Guanajuato busca dar nuevas oportunidades a quienes trabajan todos los días atendiendo necesidades sociales.
Desde su creación en 2025, casi 100 asociaciones civiles y grupos organizados han recibido recursos por primera vez, mientras que otras han encontrado una alternativa para ampliar o continuar sus proyectos.
Pero ¿qué hay detrás de este nuevo esquema?, ¿quién decide a qué organizaciones apoyar?, ¿cómo se vigila el recurso y qué garantías existen de que llegue a quienes lo necesitan?
Rosario Corona: “No basta con pedir recursos; hay que demostrar para qué se necesitan”
La Secretaria del Nuevo Comienzo, Rosario Corona Amador, ha explicado que el programa busca que las organizaciones puedan dedicar mayores capacidades a lo que mejor conocen: atender a las personas.
Para ello, Tocando Corazones combina financiamiento, capacitación y acompañamiento, con un procedimiento de selección en el que participan especialistas, asociaciones civiles, empresarios y autoridades.
En entrevista, la titular de la Secretaría del Nuevo Comienzo explica el nuevo esquema de Tocando Corazones:
—Secretaria, ¿qué cambia con Tocando Corazones? ¿Qué gana una organización que necesita recursos para ayudar a más personas?
—Queremos que más organizaciones tengan la oportunidad de desarrollar sus proyectos. Hay asociaciones que llevan años atendiendo a niñas y niños, personas enfermas, adultos mayores o familias que necesitan apoyo, y conocen muy bien los problemas de sus comunidades.
Con este esquema pueden presentar sus propuestas, recibir orientación y participar en un proceso de evaluación para obtener financiamiento.
Ya son 96 organizaciones que han recibido recursos por primera vez. Lo importante es que esos apoyos permitan ampliar los servicios y que las familias tengan acceso a oportunidades que antes no tenían.
—Pero estamos hablando de dinero público. ¿Quién decide qué organización recibe recursos?
—No lo decide una sola persona, ni siquiera la Secretaría. Los proyectos pasan por varias etapas. Primero, las asociaciones deben explicar qué problema quieren resolver, a quiénes van a beneficiar, qué actividades realizarán y cuánto dinero necesitan. Sus propuestas son revisadas documentalmente, que cumplan con los requisitos establecidos en las convocatorias.
Después, académicos y especialistas revisan las propuestas mediante criterios y calificaciones establecidos en las reglas de operación del programa.
Posteriormente, intervienen subcomités en los que participan organizaciones de la sociedad civil, empresarios y autoridades.
La decisión final corresponde al Comité de Selección de Proyectos, donde también participan representantes de los seis Consejos Coordinadores Empresariales del Estado.
Es decir, existe una evaluación documental y técnica y un procedimiento colegiado, no basta con presentar una solicitud para recibir dinero.
—¿Qué ocurre cuando una asociación solicita millones de pesos para entregar despensas, mochilas o calentadores solares?
—Primero hay que aclarar algo muy importante: solicitar dinero no significa que ese dinero ya esté aprobado o entregado.
Las propuestas se publican en la plataforma desde que se registran, incluso antes de que sean evaluadas. Una organización puede solicitar recursos para alimentación, medicamentos u otros bienes, pero debe demostrar qué necesidad social está atendiendo y por qué esos apoyos son necesarios.
Pensemos, por ejemplo, en una asociación que atiende a pacientes con enfermedades graves o familias que no tienen recursos suficientes para alimentarse. El apoyo alimentario puede formar parte de esa atención.
Pero cada propuesta debe justificar a sus beneficiarios, las cantidades solicitadas y los resultados esperados. Si no cumple los requisitos o no supera la evaluación, no debe autorizarse.
—¿Cómo puede estar segura una familia de que el dinero no termina gastándose en cosas distintas a las autorizadas?
—Las organizaciones tienen que comprobar cada gasto y demostrar qué actividades realizaron. No se trata de entregar el dinero y olvidarnos del proyecto.
Las asociaciones deben presentar facturas, documentos financieros, evidencias de las actividades y resultados.
El financiamiento se entrega por etapas. Se contemplan hasta tres ministraciones y, para acceder a la segunda, deben acreditar el ejercicio del 70 por ciento de los recursos correspondientes.
También existe información pública sobre los proyectos aprobados y los avances financieros de su ejecución y comprobación. Por eso es importante distinguir entre el dinero solicitado, el autorizado, el entregado y el que ya fue ejercido y comprobado. Son cosas diferentes.
—¿Qué va a cambiar para 2027? ¿Habrá más oportunidades para las organizaciones pequeñas?
—Estamos escuchando a las organizaciones para mejorar el programa. Alrededor de 200 participaron en la consulta que comenzó el 9 de octubre pero que hemos desarrollado a lo largo del programa.
Uno de los principales cambios que estamos preparando es que todos los interesados puedan registrar sus propuestas durante el periodo que avala la convocatoria, sin que la plataforma cierre anticipadamente porque se alcanzó el presupuesto disponible. De esta manera, queremos que los proyectos puedan competir con mayor peso en su evaluación, sus resultados y las necesidades que atienden.
También buscamos dar prioridad a la atención de personas en condiciones de mayor vulnerabilidad y a proyectos que generen beneficios duraderos, la intención es que las oportunidades se amplíen y los recursos disponibles se asignen conforme a criterios claros de impacto social.
“Para nosotros marcó un antes y un después”: el comedor que cambió la vida de una fundación
Para quienes están del otro lado, buscando recursos para ayudar, el procedimiento tiene un impacto muy concretos.
En Dolores Hidalgo, la Fundación Kaleo comenzó a trabajar en 2022. Sus primeros años estuvieron marcados por las dificultades para sostener sus servicios y ampliar la atención.
En 2025 se constituyó formalmente como asociación civil y en 2026 participó por primera vez en Tocando Corazones como Centro de Desarrollo Integral Kaleo, A.C.
La asociación obtuvo financiamiento y con ello pudo contratar más profesionales, fortalecer sus programas educativos y ampliar los servicios de comedor infantil. Hoy ofrece desayunos, comidas y cenas de lunes a viernes, brindando más de mil raciones mensuales.
“Para nosotros marcó un antes y un después”, explicó una persona representante de la asociación durante una entrevista. El cambio también se refleja en las familias que ahora tienen un espacio donde sus hijos reciben alimentación, acompañamiento escolar y actividades de desarrollo personal.
Sebastián es uno de esos niños. Cuando llegó a la fundación enfrentaba rezago escolar, evitaba participar con sus compañeros y dudaba de sus propias capacidades. Con paciencia y atención individualizada comenzó a comprender mejor sus materias y a entregar sus tareas a tiempo pero el cambio que más llamó la atención del personal ocurrió cuando comenzó a participar en un taller de teatro.
Ahí descubrió que podía expresarse, convivir y equivocarse sin miedo. Hoy sus profesores observan a un niño más seguro, participativo y entusiasmado por aprender, según relata la fundación.
La asociación también acompaña a niñas con discapacidad que han enfrentado situaciones de acoso escolar y que ahora trabajan para fortalecer su confianza y convivencia.
Son resultados que no siempre aparecen en una factura, pero que forman parte de los cambios que las asociaciones buscan generar.
Una segunda oportunidad para 180 jóvenes
A varios kilómetros de Dolores Hidalgo, otra organización trabaja con jóvenes que han tenido que interrumpir sus estudios o enfrentan dificultades para encontrar empleo, se trata de YouthBuild México, que desarrolla el Programa Jóvenes con Rumbo en municipios como León y San Miguel de Allende.
Durante aproximadamente un año, los participantes reciben formación académica, capacitación técnica, acompañamiento socioemocional y herramientas para incorporarse al mundo laboral.
Recientemente concluyó la quinta generación, con alrededor de 180 jóvenes participantes. Genoveva de Anda Sánchez, directora estatal de YouthBuild México en Guanajuato, sabe que el trabajo no termina cuando un joven concluye un curso.
“Veo cómo de verdad se generan cambios profundos”, expresó al hablar de las experiencias que conoce de cerca. Explicó que muchos participantes encuentran en estos espacios algo que también necesitan: confianza, personas que los escuchen, redes de apoyo y herramientas para tomar mejores decisiones; además, los jóvenes participan en actividades comunitarias para identificar problemas de su entorno y contribuir a resolverlos. Para Genoveva, una parte fundamental del trabajo social consiste en prevenir situaciones que podrían afectar el futuro de los participantes.
¿Cómo medir, por ejemplo, que un joven no abandonó la escuela o que encontró alternativas para mantenerse lejos de situaciones de riesgo? No siempre es sencillo, reconoce. Por eso considera importante que las evaluaciones reconozcan no solamente las cifras, sino también los cambios educativos, personales y comunitarios que pueden documentarse.
“Es muy importante velar para que este recurso siga llegando a las organizaciones sociales que contribuimos de manera activa a las diversas causas sociales”, señaló.
“Si nos sobra dinero, tenemos que devolverlo”
La experiencia del Centro de Desarrollo Integral Kaleo A.C. también permite conocer qué significa administrar recursos públicos desde una organización social. Su representante Alberto Torres García explicó que el dinero debe manejarse en una cuenta bancaria exclusiva y que prácticamente cada movimiento necesita estar acompañado de documentación.
“No hay nada que uno pueda utilizar el recurso sin un comprobante de por medio”, señaló. Puso un ejemplo muy sencillo: si en su proyecto solicitaron comprar determinada cantidad de arroz para alimentar a los niños, deben respetar las cantidades y conceptos aprobados.
Si el precio aumenta, la asociación debe cubrir la diferencia de acuerdo con las reglas. Si existen recursos sobrantes, corresponde reintegrarlos. “No podemos hacer un gasto diferente”, explicó.
En YouthBuild México sucede algo similar. Genoveva de Anda detalló que deben presentar registros de participación, fotografías y otras evidencias de las actividades, informes de avance y comprobantes del ejercicio financiero.
La vigilancia del dinero público, coincidieron ambas organizaciones, es necesaria para demostrar que los recursos se utilizaron en las actividades autorizadas.
Los proyectos también pasan por manos de ciudadanos y empresarios
Antes de que una asociación reciba financiamiento, su proyecto debe superar una revisión en la que participan especialistas de distintas disciplinas.
Katya Morales Prado, integrante del Grupo Especializado de Evaluación, ha explicado que entre 60 y 80 expertos colaboran voluntariamente, sin recibir remuneración, en la valoración de las propuestas.
“No somos trabajadores de gobierno, somos ciudadanos que queremos que se hagan las cosas bien”, expresó al describir su participación.
El grupo de especialistas analiza la necesidad social, la viabilidad de las actividades, los presupuestos y los resultados esperados. Después intervienen subcomités donde participan organizaciones civiles, representantes empresariales y autoridades.
Uno de esos espacios es el Subcomité de Desarrollo Social, en el que participa Alicia del Socorro Franco Dávalos, del Instituto de Rehabilitación y Educación Especial de León. Finalmente, en el Comité de Selección de Proyectos intervienen los seis Consejos Coordinadores Empresariales de Guanajuato y autoridades estatales.
Este procedimiento busca incorporar diferentes perspectivas antes de decidir qué proyectos reciben financiamiento, sin eliminar la obligación de investigar posibles irregularidades.
Más proyectos que dinero disponible: el reto para 2027
El interés de las organizaciones en participar también ha puesto sobre la mesa un desafío: las solicitudes superan los recursos disponibles. En la segunda convocatoria de 2026 se registraron 203 proyectos por aproximadamente 680 millones de pesos, frente a una bolsa de 536.8 millones.
Los proyectos continúan en evaluación y los resultados se darán a conocer el 20 de noviembre. Para el próximo año se preparan cambios que buscan dar más oportunidades de participación y fortalecer la selección de proyectos conforme a su impacto social.
Entre las prioridades planteadas se encuentran la atención de enfermedades graves, personas con discapacidad, niñas y niños en situación de vulnerabilidad, víctimas de violencia, salud mental, cuidados y rehabilitación.
Cuando una oportunidad cambia una historia
Para Sebastián, el niño de 12 años de Dolores Hidalgo, Tocando Corazones no es una convocatoria, una plataforma digital ni un procedimiento de evaluación, es la posibilidad de recibir acompañamiento para mejorar en la escuela y recuperar la confianza para subir a un escenario.
Para las familias que acuden al comedor de Kaleo, representa acceso a alimentación y servicios de apoyo para sus hijos y para jóvenes que participan en programas de formación, significa contar con herramientas para seguir estudiando y prepararse para trabajar.
Son historias que muestran lo que las organizaciones pueden hacer cuando cuentan con recursos y capacidades para ampliar su atención. Detrás de cada proyecto existen obligaciones de comprobación, decisiones que deben justificarse y resultados que deben evaluarse pero también hay personas para quienes el trabajo cotidiano de una asociación puede significar una nueva oportunidad

